image5

Opinión

¿Cuándo, a uno, lo sacan muerto de un lugar?...

Esta pregunta viene a cuento después de escuchar a la legisladora nacional y principal socia política del Presidente argentino Mauricio Macri, la que acaba de "arengar a la tropa" diciendo que "nos van a sacar muertos de Olivos", que es la residencia del primer mandatario.


Y me pregunto e interpelo al lector, ¿de dónde se saca muerto a alguien y bajo qué circunstancias?


Quizás haya muy pocas ocasiones en las que alguien defienda algo con su vida. 


Ante una invasión, el deber del soldado es defender la Patria hasta dar la vida, ante una intrusión domiciliaria, quizás el dueño de casa mate o muera en el intento por defender su propiedad, El Presidente chileno, Salvador Allende defendió la Casa de la Moneda con su vida ante la intromisión militar encabezada por el dictador Augusto Pinochet, que puso fin al gobierno del socialista electo democráticamente.


Si en la república Argentina se corriera el riesgo de estar ante algunas de las situaciones descritas, quizás se entenderían las frases lanzadas por la diputada Carrió, pero Argentina no atraviesa ninguna de esas.


En nuestro país es por demás conocida la verba inflamada de Elisa "Lilita" Carrió, de hecho, en muchas oportunidades tuvo que desdecirse por algún exabrupto, pero vociferar que "nos van a sacar muertos de Olivos", suena a incendiario en momentos en los que en Argentina se necesitan palabras que lleven tranquilidad más que alboroto.


La República Argentina enfrenta un proceso eleccionario que hasta ahora se desarrolla con total normalidad. Hay un escenario de polarización entre dos fuerzas, dónde, en elecciones primarias, la que responde al Presidente Macri perdió por una diferencia de 15 puntos frente a la fórmula encabezada por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.


La primera vuelta electoral para definir quién conducirá los destinos del país se desarrollará el 27 de octubre, hasta entonces el Presidente Mauricio Macri y sus principales dirigentes tendrán tiempo para remontar esa pendiente que los separa de los candidatos del Peronismo.


La intención de estas líneas no es analizar los desempeños electorales, sino los dichos de la diputada Elisa Carrió, a criterio de este escriba muy desafortunados porque no hacen más que incitar a una violencia verbal que en nada contribuye a transcurrir con tranquilidad los últimos tramos de una campaña electoral que tuvo momentos de virulencia.


Carrió tiene una enorme responsabilidad política y tiene mucha gente que, no sólo la sigue, sino que la imita en algunas actitudes y esta, de vociferar flamas, recalientan un escenario algo enardecido, con el riesgo que, de palabras inflamadas, se escale a episodios que podríamos lamentar.


José Luis Lamanna

Director

LAMANNA & Asoc.

Consultores en Comunicación

image6

Opinión

El voto: las convicciones , los intereses personales, nuestro entorno y las motivaciones emocionales

 El autor plantea los dilemas que le surgen antes de armar el voto y confiesa sus propias motivaciones para las elecciones PASO del 11 de agosto.


Muy pocas cosas hay en la vida que se hagan en tanta soledad como ejercer la responsabilidad democrática y republicana de emitir el sufragio.


Cuando se entra al cuarto oscuro o cuando se enfrenta a la máquina para armar el voto, ahí está uno, solo, con sus sueños, sus aspiraciones y con sus ilusiones, frente a las ofertas electorales.


Pero, ¿qué privilegiamos a la hora de sufragar?, ¿las convicciones?, ¿los intereses personales?, o ¿miramos a nuestro alrededor y pensamos en nuestro entorno o en el bien común?. Cualquier opción es válida.


Claro que votar a los 17 años no es igual que votar a los 25, a los 35, a los 45, a 55 o a los 65; las motivaciones electorales son distintas según la edad. A las ya mencionadas en el párrafo anterior, se le suman los estímulos emocionales para elegir a un candidato en detrimento de otro, opción tan válida como cualquiera de las otras.


Los periodistas y los medios masivos de comunicación tratan de instalar, no sin intencionalidad, términos como "voto racional", "voto cuota", "voto conveniente" y otros calificativos parecidos, para justificar los apoyos políticos de sus preferencias.


Cuando se llega a la mesa de votación, uno llega con una gran carga de subjetividades, impuestas desde las distintas fuente de información, que se le suman -muchas veces- a la confusión propia de tener que privilegiar las convicciones, los intereses personales, el bien común o las motivaciones emocionales.


El que se arrogue el derecho de decir que hay que anteponer tal opción por sobre cualquier otra de las mencionadas, o tiene un interés o ignora lo que pasa por la cabeza de las personas.


En mi caso, voto desde 1985, no pude votar en 1983 por estar bajo bandera en el servicio militar obligatorio y siempre privilegié mis convicciones, inclusive por sobre mis intereses personales. Claro, tenía entonces 25, 35 y 45 años. 


Hoy, que ya pasé la barrera de los 55 años, que llevo más de 30 como profesional de las comunicaciones y con una cantidad considerable de campañas electorales encima, estoy más  intolerante o refractario hacia ciertas personas o posturas políticas; por eso, voy a dejar las convicciones a un lado y el domingo, a la hora de emitir el voto, voy a hacer lo que siento, lo que me indica el corazón, no la cabeza ni el bolsillo.


Voy a votar como el calabrés calentón que soy, me voy a dejar llevar por mi instinto sanguíneo y, por primera vez, dejaré a un lado al profesional reflexivo. 


Eso voy a hacer y espero no equivocarme.


José Luis Lamanna

Director

LAMANNA & Asoc.

Consultores en Comunicación

Sobre la independencia de los medios de comunicación

La tapa de NYT que causó la indignación de sus lectores.

 "Trump urges unity vs. racism",  en castellano, "Trump insta a la unidad en contra del racismo" tituló en portada el matutino de referencia estadounidense The New York Times después de las matanzas de Texas y Ohio y causó la indignación de los lectores.


Periodistas, políticos, incluido algunos candidatos a presidente del Partido Demócrata, estallaron de ira por la tibieza del NYT ni bien estuvo disponible la publicación, "esto beneficia a Trump" dijeron y ante la andanada de críticas y reclamos, el diario modificó su edición y cambió el titular de tapa en una segunda edición.


"Atacar el odio, pero no las armas" fue el título elegido para corregir la primera versión para la alegría de la grey demócrata.


Estados Unidos, la cuna de las libertades (la de prensa incluida), la tierra de las oportunidades, el país del que nuestros constituyentes de 1853 tomaron como ejemplo para la redacción de nuestra propia Constitución Nacional, es el mismo que hoy le exige a un diario que modifique un título porque beneficia a un Presidente, que espanta a parte de la sociedad neoyorkina y que fue elegido democráticamente por el voto popular y el matutino sucumbió ante los reclamos.


Este episodio debería llamar a la reflexión a los medios argentinos y fundamentalmente a la sociedad en su conjunto, no sólo a la parte más politizada, a toda la sociedad.


Porque cosas como estas pasan hoy  también en Argentina, claro, solapadamente, no de manera expuesta como el caso NYT, porque se sabe que el matutino de Nueva York ha expresado públicamente su preferencia por el Partido Demócrata y porque abiertamente y sin ocultamientos está embarcado en una campaña furiosa en contra del Presidente Donald Trump y cualquier intento de su reelección.


Quizás haya que revisar las actitudes de algunos periodistas y medios de comunicación, escritos, electrónicos, radiales y televisivos, quienes cubiertos bajo el paraguas de la independencia periodística tienen determinadas actitudes parecidas a las del New York Times, que "operan" en favor de determinado candidato o partido político.


José Luis Lamanna

Director

LAMANNA & Asoc.

Consultores en Comunicación

image7
image8

11 de abril de 2019

La Patria no espera a sus salvadores ¿Lavagna pretende ser el De Gaulle o el Adolfo Suarez de Argentina?

La crisis por la que está atravesando la República Argentina no sólo es económica, es social, es política y fundamentalmente es una crisis de liderazgo.

Nuestro país, nuestros antecesores y nosotros mismos fuimos criados bajo fuertes liderazgos políticos. 

Tanto Domingo Faustino Sarmiento, como Julio Argentino Roca y don Hipólito Yrigoyen fueron líderes ; pero ellos, con sus matices, fueron y para la época en la que a cada uno le tocó vivir y actuar, ejercieron fuertes liderazgos, pero no de masas.

La irrupción de Juan Domingo Perón en la escena nacional modificó absolutamente todo lo conocido hasta entonces. 

Contemporáneo a Perón fue, quizás, el último gran líder que tuvo la Argentina, Raúl Ricardo Alfonsín.

Ambos, Perón y Alfonsín, eran líderes políticos, hombres de Estado y fundamentalmente, líderes de masas; un solo gesto o una definición de cualquiera de ellos alcanzaba para modificar el rumbo y el ánimo de la opinión pública.

Pero el motivo de estas líneas no es referirse ni a Perón ni a Alfonsín, sino al que pretende erigirse en el De Gaulle o el Adolfo Suárez de la República Argentina, y todo parece indicar que se va a quedar "en aprontes".

Claramente Mauricio Macri no resultó ser el líder que él pretendía, los hechos ponen en evidencia que no ejerce el liderazgo en el conglomerado de partidos políticos del que es cabeza.

Ante la evidente falta de liderazgo político de quien debiera ejercerlo, es, hasta lógico para la idiosincrasia argentina, que trate de emerger alguien que intente instalarse en la escena nacional para ocupar ese vacío.

Hoy, el que aparece en el panorama con más ganas que chances concretas es el economista Roberto Lavagna, de diálogo fluido con el denominado "círculo rojo" local y extranjero, pero que es mirado con recelo por toda la fauna dirigencial argentina.

Lavagna pretende que se arme un "gran consenso nacional", donde todas las fuerzas políticas de oposición a Mauricio Macri coincidan en la definición de los lineamientos principales para sacar al país de la crisis por la que transita y vayan a buscarlo como el hombre salvador de la Patria, algo más o menos parecido y salvando las enormes distancias, lo que ocurrió con Charles De Gaulle en la Francia de la posguerra o con Adolfo Suarez en la España del posfranquismo.

Argentina, con sus dificultades, no está ni cerca de ser la Francia de 1940 ni la España de 1975; por esos años, ambos países europeos enfrentaron severos problemas de todo tipo, el primero, Francia, salía de una guerra sangrienta que además tenía el agravante que el país quedó dividido después de la invasión alemana y la República de Vichy; por su parte, España, le ponía le fin a 36 años de franqismo, a los que hay que sumarle tres años de Guerra Civil fraticida.

Evidentemente Argentina está muy lejos de lo ocurrido en esos países, con la salvedad de que los tres, por distintas circunstancias, se igualan en un punto: la necesidad de encontrar una persona que reúna el requisito primordial de inspirar la suficiente confianza como para lograr encolumnar al pueblo tras de sí, sintetizar los anhelos de la población de salir de la situación oprobiosa en la que se encuentra y buscar la famosa "luz al final del túnel".

Francia vio en Charles De Gaulle a ese líder capaz de unir a un país dividido y quebrado y España le dio respaldo a Adolfo Suarez para conducirlos a través de un campo arrasado. 

Ambos se involucraron personalmente en los procesos de conformación de los consensos necesarios para sacar a sus países de la postergación en la que se encontraban entonces, no esperaron a que los vayan a buscar como lo "salvadores de la Patria", metieron los pies en el barro, como decimos acá y no se quedaron sentados cómodamente hasta que les golpearan la puerta de sus casas para pedirles que conduzcan el barco a través de la tormenta.

Roberto Lavagna no es, ni de cerca, De Gaulle, ni Adolfo Suarez, la Patria no espera a sus salvadores.


José Luis Lamanna

Director

LAMANNA & Asoc. 

Consultores en Comunicación

image9

Políticos enredados

 La periodista Clarisa Ercolano nos ofrece su visión sobre el escaso profesionalismo de los candidatos al momento de trabajar en la comunicación on line, reputación y redes sociales. 

 

"Quiero un instauram” fue el pedido textual de unx candidatx refiriendo a una cuenta de Instagram y sin reparar en el error repetía cual letanía, "quiero marketing, marketing, marketing". 

"Queremos videítos (material audovisual) que muestren el avance de las obras en los caminos rurales". 

Y el ejemplo que recibo a modo de sugerencia tiene música de fondo en inglés y la palabra banquina, escrita con "v".

Es innegable que toda campaña política tiene su correlato en la difusión on line y que la misma debe tenerlo con la gestión y/o las propuestas que constituyen la plataforma electoral.

No vamos a develar aquí cómo se hace, ya que de eso vivimos, pero genera escozor el manejo pésimo, ignorante, descuidado y arcaico que advertimos actualmente como profesionales.

Los ejemplos abundan: El rol de la mujer en la política…"Festejar" el día de la mujer. No contestar los mensajes y acumular debajo de un posteo, epítetos contra el candidato y sus familiares, etc.

La comunicación on line y las redes son como el psicoanálisis. Si no se está dispuesto a invertir tiempo, confiar y sobre todo escuchar, la abstención es el mejor recurso.

Clarisa Ercolano

Graduada con Medalla de Honor en el Tec de Monterrey

Especializada en Comunicación On Line y Gestión de Liderazgo


Clarisa Ercolano

Periodista, con vasta trayectoria laboral en medios de la República Argentina.

Graduada con honores en la Tec de Monterrey en las disciplinas Comunicación On Line y Gestión de Liderazgo. 

Obtén más información